Encuentra tu propio ritmo

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Que nada te distraiga de la vida, ni pasado ni futuro

¿Qué sabe de usted?

Todo lo que sé lo aprendí antes de que interrumpieran mi flujo creativo.

¿Quién, cuándo…?

El niño crea y produce libremente hasta que aparecen los padres, le interrumpen y le dicen lo que debe hacer. Lo hacen para protegerle, para ayudarle a sobrevivir en nuestro sistema, para enseñarle la responsabilidad.

Habría que volver a planteárselo…

En la vida esa interrupción del flujo creativo es constante. Yo detuve ese proceso y pude crear jugando, con plenitud. Muchos estudiantes de música vienen a pedirme consejo sobre el ritmo, y les digo que si quieren aprender deben encontrar su propio ritmo, que tiene que ver con cómo pestañeas, cómo te late el corazón…

¿Usted ha tenido dos vidas?

Desde mi operación, a los 36 años, que me dejó sin memoria, me es difícil hablar de esto, porque de una manera muy física sentí que el pasado y el futuro no existían. Todo es ahora, y ya no permito que esos conceptos, pasado y futuro, me distraigan de la vida, que es ahora.

Y antes de la operación, ¿no lo veía así?

Todo era competitividad, hacer currículum. Era como una película de vaqueros en la que el pistolero cada vez que acierta en el blanco hace una muesca en su pistola.

Entiendo.

Pero aprendí mucho en ese tiempo, me perfeccioné en el uso de la guitarra: hasta que el instrumento se convirtió en mi segunda naturaleza. La guitarra es sólo un utensilio de la música.

¿Después de la operación no recordaba nada del pasado?

Nada. No sabía que era músico, ni tampoco sabía tocar la guitarra. Fueron ocho años de recuperación, un proceso lento y doloroso. A medida que pasaba el tiempo mis pensamientos de suicidio se hacían más recurrentes.

Vaya… ¿Y cómo salió de ahí?

Decidí concentrarme en mi juguete de la infancia, la guitarra.

Consiguió recuperar su vida.

Nací con un aneurisma que se fue complicando. Antes de operarme probaron muchos tratamientos: medicamentos fortísimos, electroshocks, celdas de aislamiento… Recuerdo una vez que me encerraron en una cámara con una señora mayor que gemía de dolor.

La abracé, nos abrazamos durante horas, y comprobé que esa era la mejor medicina de todas las que nos habían dado. Lo probé con otros enfermos del hospital y siempre funcionó.

¿Qué pierdes cuando pierdes la memoria?, ¿tu vida?, ¿a ti mismo?, ¿tu seguridad?…

El equipaje, las maletas llenas de recuerdos que a menudo no sirven para nada.

Entonces, ¿por qué quería suicidarse?

Estaba invadido por un gran sentimiento de soledad. Y cuando te preguntas si el dolor (que era físico y espiritual) va a terminar y nunca termina, te planteas el suicidio como una forma natural de acabar con él. Pero pensar en él me ayudo.

¿Cómo?

Me obligó a tomar decisiones y a ver las cosas con distancia, y esa objetividad hace que los opuestos pierdan sentido: la felicidad y la infelicidad, lo bueno y lo malo. Hay un lugar detrás de la dicotomía, de ese vaivén de sentimientos opuestos en los que nos pasamos la vida.

Atrapados.

Sí, persiguiendo la zanahoria. Compramos cosas que nos hacen felices un rato, y vamos a por otras hasta que hallamos algo que no podemos tener y perdemos la felicidad. Pero no hay nada que tener ni nada que perder. Da igual de qué se trate: si pones tu atención, vives con plenitud.

La gente admira su voluntad para recuperarse, pero parece que su camino fue otro.

Hubo voluntad, pero la música seguía en mí, como ahora: largos vuelos, conexiones, dormir poco, cansancio, mal humor; pero subo al escenario y, de repente, la paz, no hay palabras para describirlo, es mágico.

¿Le contaron quién era y decidió volver a serlo?

Mi padre me explicó que él era el padre de alguien que tocaba la guitarra. Me enseñaba la carátula de mis discos y me los ponía una y otra vez. Yo odiaba ese sonido, esa música, porque necesitaba tiempo para pensar y recuperarme.

Quería paz.

Sí, y mi padre volvía a interrumpirme como cuando era niño. La música volvió por sí sola en el momento en que me abrí.

¿De nuevo el juego?

Después de la operación mi padre me decía que debía volver a ser una estrella, pero eso ya no me interesaba, sólo me interesaba estar en la magia de cada momento.

¿Y?

Me levantaba por la mañana, me tomaba un café, y la guitarra me llamaba la atención y la tocaba un poquito. Me tomaba otro café y la guitarra me seguía llamando la atención… Cuando se me enfrió el café es que ya estaba componiendo.

¿Así recuperó el gusto por la música?

Fue el gusto por ese momento de la mañana, ese momento de placer. Estoy hablando de sentimientos que te llenan por dentro. Disfrutar del momento es disfrutar de la vida, es todo lo mismo: vida, música, el cafecito… es plenitud.

¿Qué más ha comprendido de la vida?

Se puede ver a través de las máscaras. Si consigues estar más allá de los opuestos, percibes que cuando alguien se te acerca, se te acerca la vida. Saber apreciarlo me gusta

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